miércoles, 21 de enero de 2009

Dulce belleza. Débil belleza.

El caballero la observó allí, recostada sobre aquella alta cama revestida con pétalos de rosas, tan hermosa, tan silenciosa, tan misteriosa. Dejó su espada junto a su armadura en el suelo, bajo la ventana de la torre. Supo qué hacer en ese momento, le habían dicho lo que debía hacer en ese momento, pero no quiso hacerlo. No pudo hacerlo. Paso sus pálidas manos por sobre el pálido rostro de ella, acariciándolo, sintiendo la suave textura de su maravillosa piel. Sus dedos rozaron los labios de la joven, y el caballero quiso posar los suyos sobre ellos. Pero se contuvo. Sabía que si lo hacía, ella despertaría de su sueño alguna vez eterno, y todo habría acabado. En su lugar, continuó con sus caricias y sus manos recorrieron todo su cuerpo. Ella dormía, siempre dormía. Las horas pasaron, y la fogosidad del excitado caballero se iba extinguiendo a medida que se acercaba el alba. La pasión lo consumía como nunca lo había hecho antes y el dulce placer le hacía olvidar la espada manchada con sangre -ahora ya seca- que yacía tirada en el piso. Ella dormía, siempre dormía. El hombre sintió cómo su espíritu se regocijaba con cada embestida de su cuerpo contra el de ella. Su respiración agitada retumbaba en todos los rincones de la habitación. El fuego de la chimenea estaba apagándose. Las primeras luces del amanecer entraron por la ventana, y el caballero soltó un grito de satisfacción, mientras sentía cómo su cuerpo llegaba a la máxima expresión de placer. Descansó un momento sobre ella, y luego se levantó para observar el Sol asomándose por la ventana. La dulce voz de ella se oyó entonces en los débiles oídos de él. "¿Por qué no me has besado?", pronunciaron. Él quiso voltearse para ver a la bella joven levantarse de la cama revestida de rosas. Pero para entonces ya era demasiado tarde. Ella había tomado la espada del caballero con sus débiles manos, y se la había clavado en el costado del torso. Era una herida mortal. Cuando él acabó de desangrarse, con toda paciencia arregló ella el cadáver. Le seccionó los genitales, le cortó las extremidades, y arrojó todas las partes a la hoguera. Y el fuego se avivó entonces. Y flameó con un gran esplendor. Y flamearía así por mucho, mucho tiempo. Ella regresó a su cama, al eterno sueño en su lecho de rosas, esperando el beso de su verdadero amor. Ese que la rescataría de sus tormentos.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Jajaja xD ... menos mal qe no soi de ese tipo de caballeros... (menos mal qe no soi caballero xD ) sino no sabriia como resistir jxjx... te juroo qe mil veces se me pasoo por la cabeza esa parte de la historia !! jajaja!!

Wenoo Rodri... pase como habia prometido.. i por fin cumpli! jaja

Besoo hno y qe estes bien okk??

Kami†Swidch dijo...

Hallo
también te encuentro por estos lares ^^

~[KS]~

Gramorell dijo...

truenos! que final! me recordo a hard candy (o a corazon valiente). nunca se me habia ocurrido pensar en que pasaba si el caballero en vez de besarla se sacaba las ganas. ahora, como feminista, debo decir que el tipo se la violo.
en definitiva es la verdad, las mujeres esperan que todos los hombres sean romanticos y pretendan solo un beso. el "caballero" tampoco tenia muchas ganas de afrontar algo serio.
bueno, si le sigo buscando interpretaciones me recibo de psicoanalista, jeje (el destino no lo permita!)
la cuestion es que el texto esta excelente. con un final inesperado y chocante. me encanto
bueno che, ya te firme, jeje. algun dia actualizare algo yo, asi podes firmar, porque antes que seguir con todo abandonado seria mejor cerrarlo. igual voy a seguir tratando.
nos vemos y la mejor de las suertes.
espero el proximo texto
bye