sábado, 3 de abril de 2010

Contemplen esta Gran Tragedia


Me despido de tí, dulce y pequeño corazón. Si quieres ver a través de mis ojos, a través de mi alma, si quieres contemplar toda una vida de soledad, la puerta ya se ha cerrado para siempre. No puedo hallar la voluntad para escribirte estas palabras, a ninguno de ustedes en realidad. Anduve durante tanto, tanto tiempo buscando una luz, un halo de tranquilidad que pudiese calmar esta horrible abrasión que me consume. No me queda mucho tiempo. Nunca tuve mucho tiempo. O nunca supe aprovecharlo. Si hubiese alguien, allá afuera, en el ancho, vasto y viejo mundo que estuviese esperando por mí, que quisiera abrazarme con algún sentimiento ajeno a esta bestialidad, yo no hubiera hecho lo que estoy haciendo ahora. Lo siento, en verdad lo siento. Pero no debería lamentarlo, porque sé que ninguno lo lamentará tanto como yo. Todos ustedes deseaban que esto sucediera, todos ustedes me habían cerrado las puertas. ¿Cómo esperaban, entonces, que yo pudiera respirar? ¿Cómo esperaban que gritara en esta habitación tan solitaria, tan oscura? No, ustedes ya sabían lo que iba a suceder, y gozaron con una satisfacción tan pura, tan infinitamente dulce, el término de mis fuerzas. Se reían de mi dolor, se burlaban de mis lágrimas. Sé que no querían detenerse, pues el entretenimiento era tan grande, tan burdamente pleno. Y ahora entiendo lo que soy. Soy un títere, una mascota, un muñeco que debe bailar hasta el cansancio en éste eterno show escénico. Y ante ustedes, multitud mímica, multitud silenciosa, se alza un aliento celestial que los hace levantarse de sus asientos. En esta infinita Tragedia, por encima de todos ustedes, por encima de todos nosotros, llegará el alma redentora, aquél monstruo que se alimentará de mí de una vez y para siempre. Y aquí, en este momento debo incluir las palabras, debo levantarme y gritar, y hacerles ver a todos la verdad, debo liberar una vez más, como último esfuerzo de libertad, aquél Canto final. Debo pronunciar, por fin, las palabras, aquellás célebres y terminantes palabras: Ésta es la tragedia Hombre, y su héroe el Gusano Triunfante. Ahora esperaré por él en los senderos de la Noche. Mientras tanto, y otra vez, me despido de tí, dulce y pequeño corazón.

1 comentario:

Gramorell dijo...

odio las despedidas de cualquier tipo, pero una así valdría la pena.

a veces el dolor es demasiado. porque existe el odio pero nada iguala a la soledad y la indiferencia...
cada vez me queda más claro que la gente es basura y empeora cuantos más sean.

los escritos, como siempre, geniales. hacía demasiado que no me pasaba por acá, ya lo creía abandonado definitivamente.
espero verte o saber de vos. mucha suerte.